Nos gusta la tecnología. Nos gustan las herramientas de software, cuanto más nuevas mejor y, si están en versión beta, más aún. Continuamente instalamos y probamos nuevas herramientas que piden más y más requisitos para realizar más y más tareas. Eso es excelente pero… ¿Estamos eligiendo con la cabeza?

Primera norma, analiza tus necesidades

A menudo nos encontramos con empresas que, sin pararse a analizar sus necesidades, deciden empezar a usar esa herramienta de la que hablan en todas partes o aquella aplicación que le ha recomendado el vecino. 

¿Cuál es el problema? Que estamos olvidando una parte muy importante del proceso: estudiar si esa herramienta es la más adecuada o, incluso, si es necesaria. Si, por ejemplo, estamos hablando de implantar en nuestra web un motor de búsqueda, habrá que estudiar los requisitos de la plataforma en la que se va a instalar, si sus lenguajes de programación son compatibles y para qué lo necesitamos.

No tiene sentido implantar ese motor de búsqueda, por muy bien que le funcione a otros, si requiere la instalación de una versión de Java incompatible con nuestro proyecto o si es para buscar noticias que se publican sólo una vez al mes. No lo olvidemos, más herramientas implican más coste y más puntos de fallo. Si son necesarias, ¡adelante! si no, piénsatelo dos veces.

Segunda norma, no tengas miedo a los cambios

En determinados entornos nos encontramos que tras años siendo fieles a una tecnología concreta, cambiarla por otra se percibe como poco más que una locura. Es una postura totalmente comprensible, el encargado de gestionarla tiene unos conocimientos limitados y no quiere líos. La comodidad manda.

Sin embargo, en todos esos años es probable que nuestra empresa haya crecido, cambiado su enfoque, su clientela o su forma de trabajar. ¿No podría ser que esa tecnología a la que hayamos sido fieles tanto tiempo haya dejado de cubrir nuestras necesidades como antes? Aunque siga funcionando bien y nos resulte sencilla, puede que ya no se acomode a la perfección a nuestra situación particular. 

El hecho de que nos hayamos enamorado de un lenguaje de programación, de una herramienta, de una aplicación… no puede condicionarnos para desarrollar un proyecto. En cuanto a tecnología se refiere (aunque también podría aplicarse a la vida), investiga, prueba y analiza. Aprende. Llena tu maleta de conocimientos no de herramientas, así, cuando tengas que hacer frente a un proyecto, sabrás elegir la más adecuada.