Las empresas de hoy se enfrentan a un mercado tan cambiante y globalizado que digitalizarse ya no es una opción, es una necesidad para mantenerse competitivas. Sin embargo, es imposible asumir con éxito una transformación digital en la empresa si las personas que trabajan en ella permanecen ancladas al pasado. 

Una transformación externa es fácil de acometer, solo requiere de cierta dosis de determinación y un presupuesto suficiente como para encargar a un experto que analice e implemente los cambios necesarios. Lo realmente complicado es iniciar una transformación interna. Propiciar un entorno de trabajo en el que replantearse lo que hacemos y cómo lo hacemos sea la norma y no la excepción. 

Impulsar una transformación externa sin antes haber implantado la semilla del cambio dentro de la organización puede derivar en una pérdida de tiempo, dinero y trabajo. Sería lo mismo que si nos empeñamos en comprar el mejor coche del mercado, con todas las funcionalidades y los extras posibles, y a la hora de la verdad no tuviéramos carnet para conducirlo. Todos los esfuerzos habrían sido en vano porque no sería una inversión rentable. 

Todos las personas que forman parte de una organización, por humilde que sea su cargo, son capaces de proponer un cambio e iniciar una transformación. De hecho, los auténticos procesos transformadores son aquellos en los que se involucra toda la organización y se asumen con ilusión y no aquellos que parten únicamente de los cargos directivos como una imposición. 

Competencias transversales para impulsar el cambio

El secreto para iniciar una transformación interna en la empresa reside en las competencias transversales de sus empleados, las denominadas habilidades blandas. Capacidades como liderazgo, relaciones interpersonales, pensamiento analítico, persistencia… y todas aquellas relacionadas con la personalidad del individuo. 

Desde cualquier puesto de trabajo podemos replantearnos cómo hacer las cosas y proponer cambios, pero para ello es esencial la iniciativa y participación activa. Incluso si nuestra propuesta contraviene la lógica con la que funciona tradicionalmente la organización o se aleja de los convencimientos de la dirección, mientras tengamos argumentos sólidos para defenderla y el convencimiento de estar en lo cierto, no deberíamos tener miedo a expresar nuestras ideas y proponer un cambio. 

Sin embargo, si hay una cualidad que podemos considerar determinante a la hora de transformar una empresa es el liderazgo. Sin un líder que sepa guiar al equipo y la compañía hacia los objetivos marcados y a través de una estrategia corremos el riesgo de que la transformación que queríamos implantar se quede en meros cambios superficiales, sin una repercusión real en el trabajo diario. 

El Informe sobre los Encuentros de Liderazgo Corporativo de IBM y ESADA también coincide al destacar el liderazgo como una de las claves para la transformación interna de las organizaciones. Este informe destaca que los líderes son figuras indispensables para inculcar motivación en el resto de la organización y reducir la incertidumbre ante el cambio. 

No obstante, es importante destacar que cuando hablamos de líder no nos referimos simplemente a un jefe, sino a toda persona que un equipo decide seguir porque acepta sus recomendaciones como las más convenientes para todos. El liderazgo es, por tanto, una capacidad que todos podemos tener pero no todos sabemos desarrollar

En conclusión

Para iniciar una transformación digital en nuestra empresa no basta con contratar los servicios de un desarrollador que nos confeccione una herramienta, ni es suficiente con instalar un CRM y abrir una cuenta en Facebook y Twitter. Lo verdaderamente importante es que salgamos de nuestra zona de confort, nos replanteemos las cosas y tengamos la iniciativa suficiente para dar un paso al frente y proponer un cambio.