Innovación es uno de esos términos que parecen estar de moda. Todas las compañías quieren subirse a este carro y afirman ser una “empresa innovadora”. Sin embargo, no todas comprenden realmente en qué consiste ser innovador. 

Crear un nuevo producto, añadir un nuevo proceso o mejorar la experiencia del cliente es la mejor forma de diferenciarse y optimizar el posicionamiento frente a la competencia. Entender esto y empezar a actuar en consecuencia es primordial para las empresas que quieran sobrevivir en el futuro próximo. 

La innovación cumple un papel fundamental en este proceso, ya que es el motor que da respuesta a los retos económicos, sociales y medioambientales de nuestra sociedad. Ayuda a las empresas a superarse a sí mismas y adaptarse a las nuevos retos del futuro, por eso es tan importante gestionar la innovación en una organización. 

¿Es lo mismo Creatividad e Innovación? 

A menudo estos dos términos se confunden o se emplean como sinónimos, sin embargo, hay muchos aspectos que los diferencian. Aunque existen muchas definiciones para explicar estos conceptos nos vamos a quedar con aquella que define la creatividad como…

La generación de nuevas ideas o combinaciones de ellas, que facilita la resolución de problemas y la toma de decisiones dentro de la organización”. 

La innovación, en cambio, va más allá, pues parte de la creatividad, de esa generación de ideas, para convertirlas en resultados en un contexto específico. Aunque la diferencia puede parecer sutil para las mentes poco entrenadas, lo cierto es que tiene muchas implicaciones. En primer lugar, la creatividad ya no puede ser considerada como un fin en sí mismo, sino como un medio. Y más importante aún, generar ideas ya no es suficiente, es preciso aprovechar esas ideas para innovar, es decir, para introducir en el mercado nuevos productos o servicios

Aprovecha las ideas para innovar

¿Cuándo se puede considerar que una empresa es innovadora? 

Cuando en una empresa se introducen cambios sus resultados puede que no sean los esperados, especialmente si surgen de ideas no contrastadas. Es decir, innovar implica asumir riesgos. 

Podríamos decir, por tanto, que una empresa innovadora será aquella que esté dispuesta a probar cosas nuevas, a implantar cambios o a lanzar productos y servicios sin conocer cómo los acogerá su target, aún a riesgo de asumir pérdidas

También es importante destacar que cuando la aplicación de una nueva idea se puede llevar a cabo sin repercusión en lo que hacemos diariamente, no puede considerarse innovación. Aplicar nuevos conocimientos para actualizar prácticas puede corresponderse con el concepto de mejora continua pero no con el de innovación. Las mejoras son vitales para mantener rentables las empresas, pero es la creatividad y el riesgo lo que supone una diferencia cuando hablamos de innovación. 

¿Cómo hacer que una organización sea innovadora? 

Existen muchos tipos de innovación: tecnológica, de producto, de proceso, organizaciones, comercial, de marketing, etc. Por lo que cualquier ámbito de una empresa puede renovarse con la aplicación de nuevas ideas, desde los procesos más puramente productivos hasta departamentos como el de recursos humanos. 

El primer paso para renovarse es implantar una cultura innovadora dentro de la organización que sea promovida por la dirección. La generación de nuevas ideas requiere de una predisposición bidireccional, es decir, actitud en las personas y un sistema de dirección que promueva y reconozca las aportaciones creativas de los empleados, facilitando así la innovación en todos los niveles organizacionales y no únicamente en el área de tecnología. 

Características de una empresa innovadora

Algunas características que suelen darse habitualmente en las organizaciones que promueven la innovación son: 

  • Tolerancia al fracaso: toda innovación conlleva un riesgo intrínseco, porque siempre tiene un cierto grado de incertidumbre. Es necesario aceptar con responsabilidad esa posibilidad de error y aprender a encajar los malos resultados. 
  • Actitud constructiva: la creatividad no es una ciencia exacta, por lo que el proceso para llegar a una idea innovadora puede discurrir a través de propuestas brillantes o absurdas. Es importante que la estructura empresarial sea capaz de asimilar ambas y aprenda a descartar las menos provechosas de forma constructiva y argumentada. Cuando se hace una crítica destructiva, se está matando toda iniciativa en el futuro.
  • Una cultura de confianza: en las organizaciones tradicionales, de ordeno y mando, se valoraba por encima de todo la obediencia, disciplina y acatamiento de los trabajadores. Esto se traduce en un estado anímico de miedo que resulta un obstáculo para toda iniciativa personal. Para poder aprovechar el talento, la creatividad y la capacidad de innovar de las personas, es fundamental que éstas se sientan valoradas, motivadas y respetadas. De esta forman, mantendrán un compromiso con la visión y estrategia de la organización. Es decir, hay que crear un estado anímico de confianza en lugar de una cultura de miedo y sumisión. 
  • Positivismo y perseverancia: Ya habíamos mencionado en varias ocasiones que innovación implica riesgos, incertidumbre, posibles pérdidas y fracasos, por eso una actitud positiva que nos ayude a enfrentar estos tropiezos y una pizca de cabezonería para no desistir en el intento es esencial para no dejarnos vencer cuando las cosas no salen como esperábamos. 
  • Trabajo colaborativo: promover el trabajo en equipo facilita la generación de ideas, aumenta la motivación y confianza entre los trabajadores, reduce tensiones y tiempos y por tanto, aumenta la productividad.
  • Pensamiento “Out of the box”: que una cosa siempre se haya hecho de determinada forma no implica que sea la única forma de hacerlo ni la mejor. Una de las premisas más importantes para fomentar la innovación en una empresa es no tener miedo a poder en duda todas las cosas. Si crees que algo se puede hacer de otra forma, inténtalo, confía siempre en tí mismo y en tus decisiones.